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19 junio, 2008, 1:24 pm
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HASTA IDIOMA PROPIO

“Mirábamos a un lado, y veíamos la cárcel. Mirábamos al otro, y veíamos el cementerio. Mirábamos de frente y estaba la Torre con el mar detrás. Y aún nos preguntan por qué emigrábamos”.

Manolo Rivas. Escritor de Monte Alto.

“Aquí nació mucho artista”. Se ríe Wenceslao Beceiro, conocido por todos como Vences. “Pero de verdad ¿eh?”, añade. A sus 90 años es uno de los vecinos más veteranos del barrio de Monte Alto, un barrio con alma. “Es que la tiene”, dice Fernanda. “Yo no digo soy de Coruña, yo digo soy de Monte Alto, y si tal, luego ya especifico”. Fernanda no tiene tantos años como Vences, pero sí los suficientes como para haber sido testigo del cambio del barrio. “De barrio marxinal a Soho coruñes”, dice Xurxo Souto. Esa es la definición de este ilustre del vecindario. Vocalista del grupo ‘Os Diplomáticos de Monte Alto’ e impulsor de la cultura bravú en A Coruña y en Galicia entera. Y es que ya lo advirtió Vences desde un principio. “Aquí nació mucho artista”.

Monte Alto es un histórico barrio de la ciudad de A Coruña. Ocupa el extremo de la península sobre la que se levanta este asentamiento costero que ya supera los 240.000 habitantes. Detrás de Monte Alto, el mar. A un lado, el mar, al otro, el mar. Y sólo por un punto de fuga se extiende el resto de la ciudad. El canto de las gaviotas es la banda sonora constante que desprenden las casas pequeñas, bajas, grises y feas, agolpadas con prisa formando pequeñas y enredadas calles. Un enclave rudo, marinero, pescador, lleno de salitre y de historia. Un encalve con conciencia y espíritu. Aquí tenía su sede la CNT, el sindicato anarquista que latía para inundar de actividad el barrio. “Eles eran os que organizaban os xogos, o teatro, a cabalgata de reis… O facían todo”, explica Xurxo. “Íbamos a la Casa del Pueblo Socialista y nos ponían el cine”, recuerda Vences. Tras el levantamiento militar franquista, Monte Alto se convirtió en un objetivo prioritario para el fascismo. “Siempre lo fue”, dice Vences. “Estábamos en las esquina de plaza de España y venían los falangista de Navarra con unas porras de acero que daban miedo. Nosotros, que éramos cativos, salíamos corriendo y nos metíamos en las huertas que había detrás de la plaza. Allí los falangistas no entraban porque sabían que las pescadoras desde las ventanas les tiraban agua hirviendo, piedras, ollas… les tiraban hasta la biblia santa. En Monte Alto, en los últimos años de la República, no entraba nadie”.

“Daquela a CNT tiña case 20.000 afiliados na Coruña, case todos do barrio e case todos pescadores. Moitos deles tiveron que fuxir nas barcas tras resistir un ano na clandestinidade despois do golpe. E a outros tantos os fusilaron”, relata Xurxo Souto. Vences lo recuerda en primera persona. “Estaba jugando a la pelota en Las Atochas y me dijeron ‘¡que se llevan a tu primo!’. Yo lo quería mucho, así que fui corriendo y lo ví metido en un coche de estos grandes, con plataforma para subirse y todo. Me puse a llorar apoyado en el coche y el policía me dijo: “aparta, que me riegas el coche”. Vences se emociona con el recuerdo. “Sí hombre sí….”.

José Pardo, de 65 años y mucho más conocido como Pardillo, no llegó a vivir esa época. “¿La CNT? Oye que tengo 65 años, yo ya nací con Franco”. Su bar, El Pardillo, es uno de los sitios de referencia del barrio. “Antes había cuatro en todo el barrio. Las casas eran todas de planta baja y las calles estaban sin asfaltar”, recuerda. “Ahora está mejor, hay que ver, está lleno de coches”, añade. “Antes sólo aparcaba en el barrio el bolichero que repartía gaseoas con una mula y un carro”, dice Vences. Fernanda ya creció entre coches. “Pero no tantos ¿eh? Ni tan buenos. Cuando Franco venía a Coruña se alojaba en los mejores hoteles. Pero su escolta venía a Monte Alto, a Casa Sira, donde una canción dice que estaban las mujeres más bellas de la ciudad. Recuerdo los tremendos cochazos que había en el barrio esos días”, dice. Como tantas otras, Casa Sira formaba parte del extinto Papagayo, una zona del barrio donde las mujeres vendían su compañía.

Tampoco existe ya el entorno de la Torre, tal y como lo entendía Monte Alto. Agreste, rural. Sin nada alrededor. Sólo el viento cargado de mar que avisaba al barrio de lo cerca que estaba el Atlántico. “Facíamos excursións á Torre de Hércules. Era unha zona completamente salvaxe. No había nada”, relata Xurxo. Andrés Novo, vecino de 38 años, también pasó su infancia a los pies de la Torre. “Había un campo, por llamarlo de alguna manera, justo debajo de la Torre, y ahí jugábamos campeonatos de fútbol entre equipos de las distintas calles del barrio. Había mucha rivalidad y cada calle tenía su equipo. Si eras de una calle donde vivían pocos chicos de tu edad, ibas de culo”, explica.

La Torre de Hércules, único faro romano que sigue funcionando en el mundo y aspirante a Patrimonio de la Humanidad, vigila el barrio desde que es barrio. Se yergue imponente sobre las pequeñas y apretadas casas y ofrece el verde de sus prados y el azul de su mar. “Jugando un día allí, ví un aparato raro, no sabía lo que era. Ví que me entraba la cabeza por un hueco que tenía y comenzamos a jugar. Después nos dijeron que era un garrote vil abandonado”, recuerda Fernanda. Tiene su explicación. Enfrente de la majestuosidad de la Torre está la cárcel de A Coruña. “Cogíamos las pelotas que se les escapaban a los presos y se las devolvíamos. A veces nos las tiraban de nuevo y así estábamos un rato”, dice Andrés. “Nunca olvidaré los brazos de los presos colgando por los ventanucos de rejas. Les saludábamos desde la Torre y ellos siempre devolvían el saludo”, añade Fernanda.

Hoy, muy cerca de esa zona, se levantan varios bloques de pisos de lujo. La primera línea de mar de Monte Alto se disparó en cotización hace apenas quince años. “Es normal neno, tiene unas vistas inmejorables”, dice Vences. “Agora alí vive a elite, no mesmo sitio onde eu tiraba pedras e cazaba rás”, añade Xurxo. “Yo no sé cuánto puede costar un piso ahí”, dice Andrés. “No queremos que especulen en el barrio. Que rehabiliten las casas, no que las tiren”, añade. “Yo un día ví a un tipo de corbata hablando por el móvil delante de una casa que iban a derruir, me asomé a la ventana y le grité, ¡especulador! Yo es que soy un poco descarada”, dice Fernanda.

La cara del barrio ha cambiado bastante. Su inmejorable situación, apenas a cinco minutos del centro de la ciudad y con el mar rodeando el vecindario, ha llamado la atención de quien hasta hace bien poco no giraba la cabeza hacia ese rincón abandonado de A Coruña. “La mala fama del barrio empezó en los años 70, con toda la llegada de la droga”, dice Fernanda. “Le cayó la cruz de barrio conflictivo, cruz de la que se libraron otros barrios en la misma o peor situación. Pero este barrio nunca fue conflictivo. Jamás”, añade. “Aquí, quien sacaba una navaja, se la comía”, dice Pardillo. Lo cierto es que en los años 90 el barrio vivió algunos capítulos de violencia entre pandillas propias y de otros barrios. “Venía gente del Barrio de las Flores, y no nos íbamos a quedar quietos. Venían con todo, y nos teníamos que defender”, dice un imberbe vecino de gorra. “Pero yo creo que es por envidia”.

Esos hechos aislados pero ruidosos hicieron que mucha gente en el barrio se decidiese a cambiarlo. El ‘Mardi Grass’, en el año 99, fue el primer pub que se abrió en el barrio. Le siguió el Bar de Juan, que Fernanda cofundó. Ambos siguen hoy abiertos. “No podíamos permitir perder el espíritu del barrio”, dice Fernanda. “O espíritu de ledicia, bohemio, de rachí que se respira hoxe no barrio, é moi similar o que se respiraba antes da guerra. Creo que é unha herdanza. Hai unha subcultura, moi impulsada pola comunidade gay da cidade, que está transformando o barrio nunha especie de ‘soho’. Eses gays representan o que sempre caracterizou ó barrio: a liberdade. Pode que nada teñan que ver cos vellos, pero a estes nunca lles sorprendeu velos porque manteñen o mesmo espíritu ca eles cando eran cativos. O da libertade”, dice Xurxo. “Toda la gente joven de Coruña quiere venir a vivir a Monte Alto”, dice Andrés. Monte Alto ha sabido mantener su espíritu más tradicional y ‘enxebre’ y combinarlo con las tendencias más vanguardistas del ocio coruñés. Esa mezcla lo convierte en una zona única de la ciudad donde proliferan los locales, pubs, centros sociales, bares, restaurantes y centros de ocio, y que mantienen fresco el espíritu del barrio.

De entre todo ello, el carnaval se revela como una de las señas de identidad más significativas de la festividad de Monte Alto. La tradición se mantiene intacta en sus calles. “Lo que tienes que hacer es ir al Pardillo en el entierro de la sardina. Ahí muere de verdad y está el féretro”, dice Vences.”Todo negro y lleno de flores”. Y ríe sin parar. La calle de la Torre, una de las principales del barrio, acoge los desfiles de las comparsas. Monte Alto tiene tradición de comparsas. “Yo pertenecí con 84 años a ‘Monte Alto a cien’”, explica Vences, que estuvo ligado toda la vida a la música y llegó a toca en el Teatro Colón de la ciudad con el Trío Calavera. “Pero el dinero no me daba, así que me fui a Inglaterra. Iba para un año, y pasé 30”, cuenta. “En enero sacaba ya el pasaje para venir en agosto a Monte Alto… cuánto pensaba en mi Coruña cuando estaba allí…”.

Antes del 36 las comparsas eran organizadas por la CNT. Hoy perviven las clásicas con las más modernas. “Pero os vellos ven en todo o mesmo: alegría. E non lles estrana ver una ‘perfomance’ de gays porque sempre viviron a festa”, dice Xurxo.

Son todas estas cosas las que llenan de orgullo a sus habitantes. “Yo es que quiero al barrio, pero de verdad ¿eh?”, insiste Fernanda. “O orgullo de seren de Monte Alto ven no sangue. Os nosos país xa eran do barrio e os nosos avós tamén”, añade Xurxo. “Ser de Monte Alto es la polla”, remata Andrés. “De aquí dicen que viene lo de decir ‘neno’, yo no sé, pero aquí lo dice hasta mi abuela. Mira tú, si hasta tenemos idioma propio”.

Hoy Monte Alto sobrevive. Sobrevive a quien especula con convertirlo en otra cosa. La CNT, la Torre, los presos, las escolta de Franco, el cementerio, los campeonatos de fútbol, las comparsas, la alegría, la libertad y, sobre todo, su orgullo. El orgullo de sus vecinos que ven en Monte Alto su hogar, su refugio, su centro del universo. El orgullo de quien quiere mantener intacta la identidad del barrio contra quien no ve nada de esto porque el beneficio se lo impide. Este orgullo, esta alegría, este espíritu del barrio con alma, son sus armas para este nuevo combate, más silencioso que otros que ya venció hace años.

“Monte Alto, Monte Alto”, dice Vences.

“Es fantástico…”.

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Autor

_Nacho Carretero

www.sinanimodenada.blogspot.com


7 comentarios so far
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En primer lugar:Me hicisteis llorar y eso que tomo Prozac. Nenos sois muy buenos! Estoy llorando…no sé que más decir…Me siento como si estubiera en el extranjero.GRACIÑAS!!!!!

Comentario por Fernanda

Monte Alto es mucho Monte Alto de Dios. Yo pertenezco a la generaciòn en blanco y negro,a la del Nodo, a la de las pozas que fabricàbamos cuando llovìa porque no habìa asfaltado, a la del cine de cuatro en el Hércules. Nacido y criado en el corazòn del barrio, la Vereda del Polvorìn. Pertenezco a la generaciòn que puso pies en polvorosa cuando surjiò la oportunidad, y se fué a Europa, unos por unas razones y otros por otras. No volvì nunca màs a vivir en mi barrio, no hubiera podido, hubiera echado de menos la intensa vida que se vivìa en la calle entonces. Vuelvo de cualquier forma cada año a darme una vuelta llena de nostalgia dulceamarga, para constatar lo poquito que queda de aquel barrio entrañable.

Comentario por JOSE LUIS FERNANDEZ

Cuando llegué a Monte Alto, en el año 1967, las calles eran de tierra y había que ver como corría el agua por las cuestas abajo cuando llovía. Donde está hoy la Plaza- Mercado, era un campo en desnivel donde bajábamos con los cartones resbalando y, donde jugábamos al fútbol teniendo por porterías los bordillos de las aceras,en el cruce las la Avda de Hércules y C/Pinares, o cuando íbamos a la antigua fábrica de gafas a jugar y había que salir corriendo porque el guarda salía detrás de nosotros. ¡Qué tiempos aquellos! Y qué decir de ir al cine “Hércules” a la sesión de las 5 o de las 7 de la tarde, y cuando pedía un vaso de agua te cobraban 10 cts de pta. No tenías una peseta pero lo pasabas de maravilla con los amigos. Hoy, echas la vista atrás,y se te saltan las lágrimas, pero echas una sonrisa al ver que, salvando las distancias, el barrio es el mismo. Y vuelves a pasar unos días de vacaciones en cuanto puedes, para recorrer las calles bajo la lluvia y con un chubasquero encima. Lo que sí me ha dado pena es la cantidad de locales, bares o tascas, etc, que han desaparecido. Debe ser el “progreso, dicen”. Volveré esta año, también.

Comentario por juan carlos

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